Virginia Woolf – un cuarto propio

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Mira el video y contesta a estas preguntas;

  1. ¿De quién trata el video?
  2. ¿Era una pionera de qué?
  3. ¿Cómo terminó su vida?
  4. ¿Cuándo nació la escritora?
  5. ¿De qué sufría Virginia?
  6. ¿Cómo se llamaba su marido?
  7. ¿Qué trabajo hacía su marido?

El Libro del mes: Una Habitación Propia

¿Por qué  Una habitación propia?  Porque es el ensayo que devuelve  a la vida e introduce de nuevo  al mundillo literario a su autora, Virginia Woolf. Luego os digo cómo. Ahora un pequeño resumen para que sepáis de lo que va el libro.

Sinopsis

En esta obra, Virginia Woolf plasma una serie de reflexiones sobre la dificultad de las mujeres para dedicarse a la escritura y la evolución de su pensamiento feminista en relación con la literatura. Un encargo de charlas sobre el tema de la mujer y la novela da como resultado este ensayo con múltiples apuntes psicológicos e históricos sobre el tema que lo convierte en un texto de plena actualidad.

Describe a lo largo de sus capítulos las desventajas (svantaggi) con las que las mujeres de la época cuentan en todos los ámbitos sociales, aunque se centra en las relacionadas con el mundillo literario.

El libro

Publicado en 1929, Una habitación propia hizo que su autora fuera redescubierta en la década de los 70. El movimiento feminista se lo adjudica como bandera para defender el papel (ruolo) de la mujer en un mundo literario dominado por hombres.

A través de varios personajes femeninos y una pregunta, “¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas?”, Woolf aborda el tema bajo distintos puntos de vista, y con una verdadera aproximación a la realidad histórica y de su tiempo, del lugar que la mujer ha ocupado y ocupa dentro de la sociedad mediante  un conjunto de relatos que narran situaciones reales e inventadas.

Cabe destacar entre todos los personajes el que quizás sea el más representativo y el que más se acerca a su forma de sentir lo que para ella deberían ser las cosas, Mary Beton, una mujer de clase media que destaca por poseer dos derechos fundamentales que Woolf cree necesarios: el derecho a voto y, sobre todo y lo más importante, una pensión vitalicia de quinientas libras anuales, todo un privilegio que le permite ser totalmente independiente y no depender de los hombres para dedicarse a escribir. De hecho, se dice que es un reflejo de ella misma.

Esta independencia económica y un espacio especifico para escribir, la habitación propia de la novela, es lo que realmente reivindica a través de la obra, y aunque lo centra en las mujeres por simbolizar la libertad y los derechos que no tenían, también lo considera imprescindible para los hombres que quieran dedicarse a escribir como forma de vida.

Woolf no sólo crítica la falta de independencia económica; recordemos que en la época en la que se mueve los bienes eran cosa del padre o esposo, la mujer nunca era la propietaria de los mismos; sino también la imposibilidad de entrar a determinados sitios; la universidad era uno de ellos. En el ámbito literario mencionaríamos los cafés literarios, donde tenían prohibida la entrada, así como a las bibliotecas, donde debían entrar acompañadas de un profesor. Me ha resultado curioso la mención a las diferencias en el menú del comedor universitario, viandas más ligeras y agua para beber.

 

  1. De qué trata el texto “Una habitación propia?
  2. Cuando fue publicada la obra?
  3. Por qué las feministas utilizaron esta obra en los años setenta?
  4. Qué derechos fundamentales tiene el personaje de Mary Beton?
  5. A qué sirve el espacio personal de una habitación propia?
  6. Las mujeres en su época podían estudiar en las universidades?

 

“Pero, me diréis, le hemos pedido que nos hable de las mujeres y la novela. ¿Qué tiene esto que ver con una habitación propia? Intentaré explicarme. Cuando me pedisteis que hablara de las mujeres y la novela, me senté a orillas de un río y me puse a pensar qué significarían esas palabras. Quizás implicaban sencillamente unas cuantas observaciones sobre Fanny Burney; algunas más sobre Jane Austen; un tributo a las Brontë y un esbozo de la rectoría de Haworth bajo la nieve; algunas agudezas, de ser posible, sobre Miss Mitford; una alusión respetuosa a George Eliot; una referencia a Mrs. Gaskell y esto habría bastado. Pero, pensándolo mejor, estas palabras no me parecieron tan sencillas. El título las mujeres y la novela quizá significaba, y quizás era éste el sentido que le dabais, las mujeres y su modo de ser; o las mujeres y las novelas que escriben; o las mujeres y las fantasías que se han escrito sobre ellas; o quizás estos tres sentidos estaban inextricablemente unidos y así es como queríais que yo enfocara el tema. Pero cuando me puse a enfocarlo de este modo, que me pareció el más interesante, pronto me di cuenta de que esto presentaba un grave inconveniente. Nunca podría llegar a una conclusión. Nunca podría cumplir con lo que, tengo entendido, es el deber primordial de un conferenciante: entregaros tras un discurso de una hora una pepita de verdad pura para que la guardarais entre las hojas de vuestros cuadernos de apuntes y la conservarais para siempre en la repisa de la chimenea. Cuanto podía ofreceros era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela. He faltado a mi deber de llegar a una conclusión acerca de estas dos cuestiones; las mujeres y la novela siguen siendo, en lo que a mí respecta, problemas sin resolver”.

 

 

 

 

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